Una Marca de Garantía es mucho más que un nombre comercial o un logotipo incorporado a un envase.
En el ámbito agroalimentario, estas figuras cuentan con un Reglamento de Uso que define las condiciones que deben cumplir los productos que quieren comercializarse bajo esa marca. Entre los aspectos protegidos pueden encontrarse la calidad, la composición, determinadas características, el origen geográfico o las condiciones técnicas asociadas al producto.
La documentación oficial de ITACyL encuadra estas marcas entre las figuras de calidad agroalimentaria que disponen de un reglamento de uso y contemplan la certificación del producto. Esto introduce una diferencia esencial. Una cosa es que una empresa describa voluntariamente determinadas cualidades de su producto y otra diferente es que exista un reglamento que defina qué debe cumplir ese producto y un sistema de certificación que permita verificarlo.
En el caso de las legumbres, una Marca de Garantía puede contribuir a proteger cuestiones como:
- La zona de producción.
- Las características físicas del grano.
- Determinados parámetros relacionados con calibre o peso.
- Las características observadas después de la cocción.
- La correcta identificación del producto.
- El cumplimiento del Reglamento de Uso correspondiente.
Por ejemplo, el Garbanzo de Pedrosillo protegido por su Marca de Garantía se caracteriza por ser de pequeño calibre, prácticamente esférico, de color crema intenso con tonos rojizos y anaranjados y superficie lisa. El peso de 100 garbanzos debe situarse entre 25 y 40 gramos. Tras la cocción conserva el grano íntegro y presenta una piel fina y un albumen mantecoso y consistente. El Garbanzo de Valseca, en cambio, es un garbanzo de gran calibre, achatado lateralmente y de color marrón claro. El peso mínimo de 100 unidades es de 55 gramos y, después de la cocción, debe mantener los granos íntegros, con albumen mantecoso y sabor agradable.
Estas diferencias demuestran perfectamente el valor de una Marca de Garantía: no se protege simplemente la palabra «garbanzo», sino unas características concretas asociadas a un producto determinado.
Trazabilidad: del productor al producto comercializado
Para que la certificación tenga valor, las características del producto deben estar acompañadas por un sistema documental capaz de demostrar su cumplimiento. Aquí aparece uno de los conceptos esenciales de cualquier certificación agroalimentaria: la trazabilidad.
La trazabilidad permite seguir el producto a lo largo de las diferentes etapas y relacionarlo con la documentación que acredita su origen y su identificación. Es lo que hace posible demostrar que un determinado lote procede de los operadores y zonas correspondientes y que mantiene su identidad hasta llegar al mercado. En productos asociados a un territorio, esta cuestión es especialmente importante. No basta con que una legumbre tenga un aspecto similar al producto protegido. Su origen debe poder respaldarse con registros y evidencias.
Un sistema sólido de trazabilidad permite relacionar, entre otros elementos:
- El productor u operador.
- La procedencia del producto.
- Las partidas recibidas.
- La identificación de los lotes.
- Los movimientos de producto.
- El acondicionamiento y envasado, cuando corresponda.
- Las cantidades comercializadas.
- La identificación final con la que el producto llega al mercado.
Cuanto más ordenado está este sistema, más sencillo resulta reconstruir el recorrido de una partida.
La trazabilidad aporta además una ventaja interna para las empresas. No solo sirve para afrontar una auditoría; permite trabajar con un mayor conocimiento del producto, localizar rápidamente cualquier incidencia y demostrar con claridad ante clientes o compradores profesionales qué se está comercializando. En definitiva, convierte el origen en algo demostrable. Y esa capacidad de demostrar es una de las bases fundamentales de cualquier sistema de calidad diferenciada.
Cómo se comprueba que un producto responde a las características establecidas
Una Marca de Garantía adquiere credibilidad porque existe una diferencia entre declarar unas características y verificar que realmente se cumplen. Los Reglamentos de Uso establecen las condiciones aplicables y la certificación permite comprobar su implantación y la conformidad del producto.
En función de lo establecido en cada esquema, este proceso puede apoyarse en diferentes evidencias y comprobaciones. Entre ellas pueden encontrarse:
- Revisión de documentación.
- Comprobación de registros.
- Verificación de la trazabilidad.
- Identificación de las partidas y lotes.
- Contraste de las características del producto con las establecidas en el Reglamento.
- Revisión del correcto uso de la Marca de Garantía.
- Otras comprobaciones previstas en el esquema correspondiente.
El objetivo es siempre el mismo: obtener evidencias suficientes para determinar si el producto responde o no a los requisitos definidos. Esto es especialmente importante porque muchas características agroalimentarias no pueden ser verificadas directamente por el consumidor.
Una persona puede observar el tamaño o el color de un garbanzo, pero difícilmente puede determinar simplemente mirando el envase si realmente procede de una determinada zona de producción o si ha seguido todo el sistema de control previsto. Ahí interviene la certificación.
La evaluación realizada por una entidad independiente permite reducir esa distancia entre quien produce y quien compra. El consumidor no tiene que comprobar personalmente todas las fases. Existe un sistema destinado precisamente a verificar que las condiciones asociadas a la marca se cumplen.
Qué aporta una certificación independiente al mercado
La certificación aporta valor porque introduce un tercer elemento entre la declaración del productor y la confianza del comprador: una evaluación independiente.
Para el productor y el operador, esta verificación permite diferenciar su producto de otros aparentemente similares. Esa diferenciación puede convertirse en una ventaja comercial importante. Si una empresa está realizando un esfuerzo por utilizar un producto determinado, respetar unas características y mantener la trazabilidad correspondiente, es razonable que pueda trasladar ese valor al mercado. La certificación contribuye a hacerlo visible.
También ayuda a proteger la reputación colectiva de la marca. Todos los operadores que utilizan una misma denominación dependen, en cierta medida, de que el consumidor confíe en ella. Por eso resulta fundamental que existan criterios comunes y mecanismos de control. Para el consumidor, la principal aportación es la confianza.
La certificación ayuda a que términos relacionados con calidad, procedencia o características concretas tengan un significado real detrás. Además, favorece la transparencia. El comprador puede identificar un producto amparado por una Marca de Garantía sabiendo que el uso de esa denominación está sujeto al cumplimiento de unas condiciones.
La certificación también genera valor para el propio territorio. Cuando se protege correctamente un producto ligado a una zona, se contribuye a mantener su reconocimiento, a diferenciarlo dentro del mercado y a evitar que su nombre pierda valor por un uso indiscriminado. Por tanto, la certificación no protege solo al consumidor ni únicamente a la empresa que comercializa el producto. Protege también aquello que hace que ese producto sea reconocible y diferente.
CALICER y la certificación de productos con Marca de Garantía
En CALICER desarrollamos nuestra actividad en la certificación de productos agroalimentarios desde una posición externa e independiente.
Dentro de nuestros alcances se encuentran diferentes Marcas de Garantía, entre ellas las correspondientes al Garbanzo de Pedrosillo y al Garbanzo de Valseca. El registro oficial de entidades autorizadas de Castilla y León recoge a CALICER como entidad de certificación para ambos Reglamentos de Uso, con autorizaciones de vigencia indefinida.
Nuestra función consiste en evaluar el cumplimiento de los requisitos establecidos en el documento normativo correspondiente. Esto exige trabajar con evidencias.
La certificación no se basa en percepciones subjetivas sobre si un producto «parece bueno» o si comercialmente tiene una imagen adecuada. Lo que se analiza es si el producto cumple las condiciones concretas que se han establecido para ese alcance. Este enfoque permite aportar una garantía independiente y reforzar la credibilidad de las Marcas de Garantía ante el mercado.
En el caso de las legumbres, la certificación resulta además un buen ejemplo de la amplitud de la actividad agroalimentaria. Aunque muchos de los productos más conocidos dentro del mundo de la certificación están relacionados con el sector cárnico, la calidad diferenciada afecta a multitud de categorías: frutas, quesos, productos tradicionales y, por supuesto, legumbres. Esta diversidad demuestra que la necesidad de aportar garantías no depende del tipo de alimento.
Siempre que un producto quiera diferenciarse mediante unas características definidas, debe existir una forma fiable de poder demostrar que realmente las cumple. Y esa es precisamente nuestra labor.
Conclusión
El otoño devuelve las legumbres a muchos hogares, restaurantes y comercios. Pero detrás de algunos de estos productos existe una historia que va mucho más allá de la estacionalidad gastronómica.
El Garbanzo de Pedrosillo y el Garbanzo de Valseca muestran cómo dos productos de una misma categoría pueden presentar características claramente diferenciadas y vínculos específicos con sus respectivas zonas de producción. Las Marcas de Garantía ayudan a proteger esas diferencias. Establecen unas condiciones, proporcionan una identidad reconocible y permiten que el mercado distinga aquellos productos que responden a unos requisitos determinados. La certificación convierte después esas condiciones en garantías objetivamente verificables.
A través de la documentación, la trazabilidad y las comprobaciones previstas en cada Reglamento de Uso, es posible demostrar que el producto que llega al mercado responde realmente a aquello que representa la marca. Para los productores supone diferenciación y protección del valor de su trabajo. Para el consumidor significa mayor transparencia y confianza. Y para nosotros, en CALICER, representa otra expresión de nuestra principal actividad: aportar una evaluación independiente que permita transformar la calidad, el origen y las características de un producto agroalimentario en garantías que pueden demostrarse.
Porque conservar la tradición es importante. Pero cuando esa tradición se convierte también en valor comercial, protegerla mediante controles objetivos resulta fundamental.
